Es la piedra angular de todos, el amor, tantas y tantas cosas se han escrito y siempre se escribirán.
El amor, deseo profundísimo del ser humano, anhelo, motivación, ansia, emoción capaz de impulsar la conducta, los sentimientos y los pensamientos de los hombres, del que creen saber los amantes y al que quieren conocer los filósofos y los poetas, los unos con la razón y los otros con la intuición.
No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia; en realidad, todos están sedientos de amor.
Y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor. Para la mayoría de las personas el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se les ame, cómo ser “dignos de amor”; para lograrlo, unos elegirán el éxito: “ser tan ricos y poderosos como lo permita el margen social de la propia posición”; y otros, particularmente las mujeres, utilizarán el método de la atracción por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Pero, en realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a “digno de ser amado” es una mezcla de popularidad y sex-appeal.
El deseo de un tipo de relación encaminado a la unión amorosa con otro ser humano es el impulso más poderoso que existe en el hombre, y su incapacidad para alcanzarlo significa destrucción de sí mismo o de los demás.
¿A qué llamamos amor?
El amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad. El amor es un poder activo en el hombre, un poder que atraviesa las barreras que le separan de sus semejantes y lo une a los demás. El amor lo capacita para superar su sentimiento de aislamiento y separación, y, no obstante, le permite ser él mismo y mantener su integridad. En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos. El amor es una actividad, no un afecto pasivo, es un “estar continuado”, no un súbito arranque. Este carácter activo del amor puede describirse diciendo que es fundamentalmente dar y no recibir.
El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.
El cuidado, la preocupación, implican otro aspecto del amor: la responsabilidad, cuando falta la preocupación activa, no hay amor.
Respetar a una persona sin conocerla no es verdadero respeto, respeto no significa temor y sumisa reverencia; quiere decir, de acuerdo con la raíz de la palabra (“respicere”: mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única.
En el camino del amor, el conocimiento supone la penetración activa en la otra persona, en la que la unión satisface el deseo de conocer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario