¿Podríamos abrir nuestro
blog con imagen más tentadora que la de esta pierna flexionada que deja intuir regiones y roces? Cómplices, pícaras. Piernas. Las chicas sabemos frotarnos las piernas en
situaciones sociales formales, con disimulo; con los muslos en tensión podemos
acariciarnos por debajo de la falda. Sonreímos: ya no nos regañarán como a las
niñas a las que les corrigen el tic todo el tiempo, para que no sean
"impúdicas".
A veces nos ponemos medias con ligueros y sentimos cómo se cuela el aire frescoen el último tramo de
las piernas y su recorrido final. Qué placer. Eso, sin siquiera rozarse con
alguien. Ni hablar del goce infinito de hacer el amor con las medias
puestas, con las ligas apretando los muslos y de ahí hacia arriba, el
contraste de la libertad.
Empezamos por
las piernas y acabamos en las piernas. ¿Qué hay de las
posturas eróticas en que las piernas son las protagonistas?
Sus piernas, mis piernas. Tocarlas por debajo de la mesa, distraídamente,
sin querer o queriendo; en cualquier caso, detenerse. Chocar rodillas y
quedarse o estirar los tobillos -frotar ligeramente tobillo contra tobillo-.
También
sueles tocarle la pierna, suave, mientras conduce, por ejemplo, y subes por el
borde interior de los muslos... O, ya entrada la noche y los bares, en un buen
largo beso, él se atreve a deslizarse con mano erecta por dentro de tu falda,
haciendo de cada centímetro de tu pierna una travesía inmensa para tus
urgencias, pero necesaria.
Comenzamos
en piernas y terminamos en piernas cuando, después deorgasmados, ambos boca arriba, dejamos la mano
en su pierna y él en la nuestra. O simplemente nos hace un mimo final,
postclimático, con dedos cariñosos sobre nuestras piernas que vuelven a
erizarse.
Hoy no
vamos a abundar en teorías algo demodées acerca
de orgasmos clitoridianos y vaginales, pero sí sobre posturas, sobre las que nos
gustan a las mujeres. A propósito, interesantísimo el libro ¿Qué quieren las mujeres? de Daniel Bergner, sobre las últimas revelaciones
científicas en torno al deseo femenino (volveremos a él en futuros posts).
Bergner reseña un estudio de Komisaruk y Whipple que sostiene que el origen principal
del orgasmo femenino es la "capa exterior acolchada de la uretra" y
que han comprobado empíricamente cómoalgunas
mujeres pueden alcanzar el orgasmo sin tocarse, simplementepensando en su amante o escuchando música. Dicen los investigadores
que para estimular el llamado punto G durante el coito vaginal, una de las
mejores posiciones es con la mujer encima.
Claro,
nosotras arriba: eso es lo que preferimos para nuestro placer, pero también
gozamos con el disfrute de nuestro compañero cuando adoptamos posiciones
de 'receptividad', una 'pasividad' que suele seguir a la
seducción y los juegos previos, en los que las
hembras de todas las especies
toman la iniciativa y son muy activas (como lo confirman los estudios que cita
Bergner en su libro).
Entre las posiciones de receptividad, hay una en que las
piernas son protagonistas absolutas y es la que suelen describir como
'profunda' -o su variante, la 'mariposa'- cuando, boca arriba, apoyamos nuestras
piernas en sus hombros y,
así, vemos al partenaire en
un plano contrapicado, en
todo su esplendor erótico (Daniela
Guglielmetti no podría
haberlo plasmado mejor en la ilustración de apertura del post).
Y sabes que a tu compañero le encanta porque te siente
profundamente, que goza de un ángulo de abordaje perfecto para
sentirse libre y poderoso, y entonces te besa el tobillo, que ha quedado pegado a
sus labios.
'Tornillo'
le llaman a una variante de legs-on-shoulders, y desde esta misma posición,
él flexiona tus piernas y sin dejar de penetrarte las coloca juntas, ambas a un lado y
el ángulo de abordaje sigue siendo perfecto y puedes seguir mirándolo, y
mirándote.
Volvemos
a ser proactivas: montamos su pierna, la humedecemos. O lo
dejamos dormir entre las nuestras, como cantan Gustavo Cerati y Andrea
Echeverri (acompaño estas líneas con una de las canciones más sexies de las que
he disfrutado nunca).
Por
cierto, el tercer libro de la serie de
Dian Hanson para
Taschen sobre las partes eróticas del cuerpo es un interesante recorrido por las
piernas como icono de la liberación femenina, desde la
Revolución Francesa a los 60, pasando por los primeros shows de cabaret del siglo XIX, la minifalda
y las medias de seda de los 20 o los tacones de aguja (Venus habló, hace unas
semanas, del fetichismo de
los tacones).
Pero hoy
aquí solo queríamos rendir un tributo a las piernas y explayarnos en sus virtudes
estéticas y funcionales. No queremos hablar de besar zapatos de charol ni de
cómo erotizarse con los espacios entre los deditos de los pies, ni de piernas a
rodajas (aquí comentamos aquella bárbara moda adolescente de intentar hacerse un hueco entre los
muslos con cirugía), queremos hablar de piernas desnudas, las
suyas y las nuestras. Las tuyas y las mías, mojadas.

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